





Ilustracion/Samuel Priego
HISTORIA
Un joven de familia clase media, atrapado entre la visión diaria del lujo y su incapacidad de conseguirlo, se propuso desde temprano en su vida tener su propia empresa. Durante sus años de estudios universitarios realmente se esforzó y mientras los demás estaban concentrados en su vida de viernes en viernes, él terminaba su carrera de administración de empresa en uno de nuestros centros de estudios más prestigiosos. Durante este tiempo trabajó arduamente por la mañana, sacrificando sus horas de sueño, por estudiar y hacer sus tareas de noche. Debido a su corta disponibilidad de dinero y de tiempo, su vida social fue casi nula. Pero ya al final de la carrera, una estudiante también de término, pareció interesada. Él, por su corta experiencia en esos negocios del corazón, rápidamente se enamoró. Desde que se graduó, gracias a sus buenas notas y ciertas conexiones de su padre, consiguió un buen trabajo y ya en menos de dos años estaba casado.
Su ascenso en la corporación fue vertiginoso, pasando de asistente del subdirector de compras a gerente de marca en menos de tres años. Desde esta posición, y luego de su trayectoria en diferentes áreas de la empresa, pudo ver diferentes oportunidades para lograr su sueño de independencia. Muchas horas de amplias consideraciones y consejos encontrados enfriaron su almohada, pero todo al final lo llevó a tomar la decisión de crear su propio negocio. Duró varios meses planificando y luego de obtener un préstamo en el banco, por fin logró abrir las puertas de algo realmente suyo a sólo ocho años de haberse graduado.
Ya el joven, no era tan joven, a sus treinta y cinco se le notaban en algunas entradas en su cabeza y una barba que se había posado en su cara, para quedarse. Se sentía mucho más realizado en sus sueños, pero todavía su familia de solo dos personas se sentía corta. Su mujer, una inteligente joven también muy trabajadora, de familia más afluyente que la de él, al principio le atrajo la idea de un joven con tantas aspiraciones. Después de siete años, estar casada con un empleado la empujó a realmente dudar de su futuro con él. Mientras estas dudas enfriaban su inicial pasión, él concentraba todo su tiempo y energía en la creación de un nuevo proyecto, que realmente la ponía nerviosa y le hacía temer por su ya frágil estabilidad económica.
La falta de tiempo juntos, los horarios extenuantes de los dos y las inquietudes financieras, habían suspendido hasta próximo aviso toda actividad matrimonial dentro y fuera de la habitación. Por eso, luego de que los planes de la nueva compañía se concretizaron y los proyectos parecían haber comenzado con buen pie, él se alarmó por sus problemas en casa. Con un poco de dinero sobrante decidió hacer un esfuerzo de sazonar un poco las cosas y se fueron en unas breves vacaciones en la costa y en una noche de champagne, playa y luna, concibieron a su primer hijo.
Ya, con el nuevo rol paterno, las cosas entre ellos parecieron volver a arrancar. La situación financiera parecía ir en ascenso, se mudaron y compraron nuevos carros enfocados en sus prioridades como padres. A ese hijo en poco tiempo le siguieron otros dos nuevos retoños y la vida era buena.
Ella, luego de los tres embarazos y sintiendo que ya cruzaba el umbral de los cuarenta años, comenzó a descuidar un poco su cuerpo. El gimnasio fue sustituido por la ruta escolar que le tomaba buena parte de la mañana y su nuevo rol de madre a tiempo completo no le dejaba mucho tiempo para los arreglos que solían ser tan importantes en las primeras etapas de su vida. Él, que su nueva posición social lo había hecho ser más consciente de su imagen pública, a sus cuarenta y tantos poseía un porte elegante y juvenil.
Una interesante fusión puso a su compañía definitivamente en el mapa económico y él, para celebrar, decidió cambiar el carro un poco anticuado e inexpresivo, por un símbolo fálico alemán de dos puertas. Su situación familiar se había vuelto demasiado aburrida y cada vez más aumentaban las actividades “que él no podía faltar” fuera de la casa.
En uno de esos eventos, conoció una atractiva e inteligente promotora de un producto reconocido por su alta calidad y popularidad. Luego de un atrevido lance de llamadas a deshoras y correos electrónicos, fueron poco a poco elaborando lo que parecía un proyecto descabellado. La idea parecía inclinarse a abrir una sucursal de una compañía multinacional, que existe desde que hubo hombres y mujeres en el planeta.
Al principio, su análisis le hizo prever que dicha empresa violaría su visión y misión, pero no por eso retrocedió ni un ápice. Ella, aunque consciente de los beneficios que podía obtener de ese Joint Venture, como quiera consideraba las demás ofertas y se lo hacía saber, para su desmayo. Una larga cadena de cenas furtivas, almuerzos de varias horas y postres en lugares discretos, hizo que lograran negociar un punto medio, donde las necesidades de uno, fueron satisfechas con las ambiciones del otro. Finalmente, en un disimulado viaje fuera de la ciudad donde los dos sabían que el otro iba a estar, el proyecto abstracto se convirtió en una larga reunión, discutiendo el Business Plan que llevaría a la fundación definitiva de QUERIDA S. A.
Publicado en Top 01, Septiembre 2008









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